viernes, 2 de julio de 2021

La vejez

 


El envejecimiento constituye un proceso multidimensional de los seres humanos que se caracteriza por ser heterogéneo, intrínseco e irreversible; inicia con la concepción, se desarrolla durante el curso de vida y termina con la muerte. Es un proceso complejo de cambios biológicos y psicológicos de los individuos en interacción continua con la vida social, económica, cultural y ecológica de las comunidades, durante el transcurso del tiempo.

La vejez representa una construcción social y biográfica del último momento del curso de vida humano. La vejez constituye un proceso heterogéneo a lo largo del cual se acumulan, entre otros, necesidades, limitaciones, cambios, pérdidas, capacidades, oportunidades y fortalezas humanas.

Grupos sociales y de identificación

Todo ser humano necesita de la interacción social. A través de ella nos mantenemos activos y mucho más positivos. En la tercera edad este contacto es igual o mucho más importante. A medida que las personas envejecen es normal que su círculo de amigos de reduzca, sobre todo por sus limitaciones a la hora de salir a la calle. Sin embargo, es fundamental seguir fomentando la socialización en ellos.   En esta etapa de la vida, las personas mayores comienzan a sufrir cambios importantes en su vida, tanto a nivel físico como emocional. Es importante tratar de que lleven una vida equilibrada, con actividades que les ayuden a afrontar de la mejor manera estos cambios. El aislamiento social es altamente perjudicial para las personas mayores, por ello las relaciones interpersonales son imprescindibles en ellos.

El fomento de la socialización y el establecimiento de relaciones interpersonales en las personas mayores resultan imprescindibles para evitar su aislamiento social y, en consecuencia, mejorar su bienestar físico y emocional.

En los centros de día, los mayores pueden realizar ejercicios que les ayuden a afrontar la jornada con mayor optimismo, así como desarrollar actividades, juegos y excursiones que se adapten a las necesidades físicas y emocionales de cada persona, siempre basándolas en la interacción entre personas.

Está demostrado que la socialización en las personas mayores tiene efectos favorables en patologías como dolores articulares, control de las enfermedades crónicas, hipertensión arterial, diabetes, y la prevención de patologías de la esfera psico-social como la depresión, ansiedad o empeoramientos en los mismos.

Cuando las personas envejecen es esencial ayudarlos a que se mantengan optimistas. Los cambios en su vida pueden hacerlos sentir inútiles, solos y olvidados. Ya no pueden llevar a cabo sus actividades como antes y muchas veces dependen de otras personas para tomar cualquier decisión. Al no tener autonomía, es muy común que se depriman.   Por esta razón la socialización en las personas de tercera edad es fundamental. La interacción social tiene efectos muy favorables en las personas mayores. Tener contacto constante con otras personas puede ayudar a disminuir los dolores articulares, a controlar enfermedades crónicas, la hipertensión arterial, la diabetes, y a prevenir patologías psico-sociales como la depresión, la ansiedad o a evitar el empeoramiento en los mismos.   Algunos estudios señalan que las personas mayores que tienen poco contacto social son más propensas a morir a corto plazo y a padecer de depresión. Y que por el contrario aquellas que mantienen un círculo social activo, ya sea con familiares o amigos, tienden a tener una mejor salud tanto a nivel físico como emocional.   La mejor forma de ayudar a las personas mayores a que establezcan relaciones es a través de las actividades sociales. Estas personas pueden participar en excursiones, actividades culturales y recreativas como talleres, sesiones de baile, paseos a museos o exposiciones, salidas al cine o al teatro, entre otras cosas. Lo importante es evitar el aislamiento social y fomentar actividades en las que puedan encontrarse con amigos para conversar y divertirse.

Necesidades laborales y de aprendizaje


Es muy común asociar a la tercera edad con la pasividad, ya que los cambios biopsicosociales que la acompañan provocan un cambio en su rutina, además existe una enorme estigmatización de asociar la tercera edad con la decadencia de la vida del humano. Una forma de socavar esta situación es la realización de actividades recreativas, las cuales son entendidas como “el conjunto de actividades a las que el individuo puede dedicarse de lleno, ya sea para descansar, para divertirse, para desarrollar su información y formación desinteresada, su participación social voluntaria o su libre capacidad creadora”, ya que a través de estas actividades se logra romper con la rutina, con el sedentarismo y con el aislamiento del que pueden ser parte.

Un envejecimiento activo es cada vez más importante, pues el paso de los años es un proceso, no un suceso, por tal situación es apropiado pensar en el envejecimiento lo más saludablemente posible y no solo se habla del sentido físico sino también psicológico, afectivo y social. Al pensar en una forma saludable de envejecer se encuentra como alternativa y herramienta la creatividad para un envejecimiento activo, ya que, en el V Congreso Internacional de Creatividad e Innovación, se habló de la creatividad como sinónimo de aprendizaje; esta relación se dio, pues al estimular la creatividad en las personas de la tercera edad se concreta un proceso educativo que propicia el desarrollo de su funcionamiento mental.

De esta manera, en la actualidad se emplea el concepto de envejecimiento satisfactorio para referirse al mantenimiento de la calidad de vida durante la tercera edad. Este concepto se refiere a un normal declive de las capacidades, mas no al envejecimiento caracterizado por la patología y la dependencia, en el cual se produce un deterioro grave en el funcionamiento del individuo producto de la tercera edad. De esta manera, esta etapa es vista como una fase, en la que, si bien se presenta una mayor disposición a las enfermedades, los adultos mayores no padecen enfermedades graves. Con ello, se reconocen sus potencialidades para que, a pesar de los cambios propios de su edad, puedan gozar de salud física, logren ser autónomas, encargándose de su autocuidado y que también puedan conservar una postura activa frente a la vida. Con ello, los adultos pueden involucrarse en dos tipos de actividades muy importantes para su bienestar, la actividad social y la actividad productiva. La primera es entendida como el mantenimiento de relaciones interpersonales y la segunda hace referencia a aquellas actividades, en las que los adultos mayores perciben que pueden contribuir a la sociedad, amigos, familiares o a ellos mismos. Por otro lado, tanto los factores objetivos (condiciones de vida) como subjetivos (experiencias subjetivas) en la vida del adulto mayor influyen y se interrelacionan para que en la tercera edad, uno se pueda sentirse satisfecho con la vida. Por lo tanto, ciertos indicadores externos como la situación económica, el contexto familiar, la salud física y factores internos como la capacidad de adaptación y ajuste emocional a situaciones adversas se complementan y relacionan con el fin de que los adultos mayores pueden tener recursos internos como recursos externos adecuados que contribuirán con su bienestar subjetivo. Cabe destacar que muy pocas veces los individuos van a tener adecuados recursos externos, sin embargo, es necesario que se logren aceptar ciertas limitaciones, situaciones difíciles, en las que la capacidad de adaptación resultará fundamental para ajustarse al entorno.

Aceptación y rechazo en la etapa de vejez 


La vejez es una etapa de vida que comienza a los 60 años y es considerada la última etapa de vida y forma parte del envejecimiento. Para quienes trabajamos con y para personas mayores será indispensable que contemos con una idea clara de estos conceptos. Las actitudes que frecuentemente mostramos a las personas mayores, se encuentran relacionadas con la percepción social que se mantiene de ellas y esta imagen a su vez determina en gran medida, la posición social en la que se encuentran.

Frecuentemente, esta percepción social está determinada por los juicios que hacemos sobre las características de las personas, en este sentido se han mantenido dos ideas ambiguas sobre lo que es la vejez, una asegura que es una etapa de la vida en la que prevalece el beneficio de la experiencia, la otra que se trata de una etapa de pérdidas e incluso considerada como sinónimo de enfermedad.

Estudios hechos sobre la imagen social de la vejez, han concluido que la percepción social sobre las personas mayores es básicamente negativa. En una sociedad como la nuestra que sustenta valores orientados a la fuerza, a la agilidad para el éxito y la conquista de bienes materiales, han dejado ver a la vejez como una suerte de desecho.

Esta visión despectiva sobre este grupo social, da origen a prácticas discriminatorias, que consideran a las personas mayores como diferentes a las demás, en sus opiniones, afectos y necesidades, a esta manera despectiva de ver a las personas mayores se le llama, desde la gerontología, viejismo, el cual puede poner a una persona mayor en un estado de vulnerabilidad.

En este sentido tenemos la responsabilidad de informarnos para tratar de manera digna, integral y sin discriminación a las personas mayores, considerándolas como sujetos socialmente activos, integrantes de la sociedad y portadoras de derechos.









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