El envejecimiento constituye un proceso multidimensional de los seres humanos que se caracteriza
por ser heterogéneo, intrínseco e irreversible; inicia con la concepción, se
desarrolla durante el curso de vida y termina con la muerte. Es un proceso
complejo de cambios biológicos y psicológicos de los individuos en interacción
continua con la vida social, económica, cultural y ecológica de las
comunidades, durante el transcurso del tiempo.
La vejez representa una
construcción social y biográfica del último momento del curso de vida humano.
La vejez constituye un proceso heterogéneo a lo largo del cual se acumulan,
entre otros, necesidades, limitaciones, cambios, pérdidas, capacidades,
oportunidades y fortalezas humanas.
Grupos sociales y de identificación
Todo ser humano necesita de la
interacción social. A través de ella nos mantenemos activos y mucho más
positivos. En la tercera edad este contacto es igual o mucho más importante. A
medida que las personas envejecen es normal que su círculo de amigos de
reduzca, sobre todo por sus limitaciones a la hora de salir a la calle. Sin
embargo, es fundamental seguir fomentando la socialización en ellos. En esta etapa de la vida, las personas
mayores comienzan a sufrir cambios importantes en su vida, tanto a nivel físico
como emocional. Es importante tratar de que lleven una vida equilibrada, con
actividades que les ayuden a afrontar de la mejor manera estos cambios. El
aislamiento social es altamente perjudicial para las personas mayores, por ello
las relaciones interpersonales son imprescindibles en ellos.
El fomento de la socialización y
el establecimiento de relaciones interpersonales en las personas mayores
resultan imprescindibles para evitar su aislamiento social y, en consecuencia,
mejorar su bienestar físico y emocional.
En los centros de día, los
mayores pueden realizar ejercicios que les ayuden a afrontar la jornada con
mayor optimismo, así como desarrollar actividades, juegos y excursiones que se
adapten a las necesidades físicas y emocionales de cada persona, siempre
basándolas en la interacción entre personas.
Está demostrado que la
socialización en las personas mayores tiene efectos favorables en patologías
como dolores articulares, control de las enfermedades crónicas, hipertensión
arterial, diabetes, y la prevención de patologías de la esfera psico-social
como la depresión, ansiedad o empeoramientos en los mismos.
Cuando las personas envejecen es
esencial ayudarlos a que se mantengan optimistas. Los cambios en su vida pueden
hacerlos sentir inútiles, solos y olvidados. Ya no pueden llevar a cabo sus
actividades como antes y muchas veces dependen de otras personas para tomar
cualquier decisión. Al no tener autonomía, es muy común que se depriman. Por esta razón la socialización en las personas
de tercera edad es fundamental. La interacción social tiene efectos muy
favorables en las personas mayores. Tener contacto constante con otras personas
puede ayudar a disminuir los dolores articulares, a controlar enfermedades
crónicas, la hipertensión arterial, la diabetes, y a prevenir patologías
psico-sociales como la depresión, la ansiedad o a evitar el empeoramiento en
los mismos. Algunos estudios señalan
que las personas mayores que tienen poco contacto social son más propensas a
morir a corto plazo y a padecer de depresión. Y que por el contrario aquellas
que mantienen un círculo social activo, ya sea con familiares o amigos, tienden
a tener una mejor salud tanto a nivel físico como emocional. La mejor forma de ayudar a las personas
mayores a que establezcan relaciones es a través de las actividades sociales.
Estas personas pueden participar en excursiones, actividades culturales y
recreativas como talleres, sesiones de baile, paseos a museos o exposiciones,
salidas al cine o al teatro, entre otras cosas. Lo importante es evitar el
aislamiento social y fomentar actividades en las que puedan encontrarse con
amigos para conversar y divertirse.
Necesidades laborales y de aprendizaje
Es
muy común asociar a la tercera edad con la pasividad, ya que los cambios
biopsicosociales que la acompañan provocan un cambio en
su rutina, además existe una enorme estigmatización de asociar la tercera edad
con la decadencia de la vida del humano. Una forma de socavar esta situación es
la realización de actividades recreativas, las cuales son entendidas como “el
conjunto de actividades a las que el individuo puede dedicarse de lleno, ya sea
para descansar, para divertirse, para desarrollar su información y formación
desinteresada, su participación social voluntaria o su libre capacidad
creadora”, ya que a través de estas actividades se logra romper con la rutina,
con el sedentarismo y con el aislamiento del que pueden ser parte.
Un envejecimiento activo es cada
vez más importante, pues el paso de los años es un proceso, no un suceso, por
tal situación es apropiado pensar en el envejecimiento lo más saludablemente
posible y no solo se habla del sentido físico sino también psicológico,
afectivo y social. Al pensar en una forma saludable de envejecer se encuentra
como alternativa y herramienta la creatividad para un envejecimiento activo, ya
que, en el V Congreso Internacional de Creatividad e Innovación, se habló de la
creatividad como sinónimo de aprendizaje; esta relación se dio, pues al
estimular la creatividad en las personas de la tercera edad se concreta un
proceso educativo que propicia el desarrollo de su funcionamiento mental.
De esta manera, en la actualidad
se emplea el concepto de envejecimiento satisfactorio para referirse al
mantenimiento de la calidad de vida durante la tercera edad. Este concepto se
refiere a un normal declive de las capacidades, mas no al envejecimiento
caracterizado por la patología y la dependencia, en el cual se produce un
deterioro grave en el funcionamiento del individuo producto de la tercera edad.
De esta manera, esta etapa es vista como una fase, en la que, si bien se
presenta una mayor disposición a las enfermedades, los adultos mayores no
padecen enfermedades graves. Con ello, se reconocen sus potencialidades para
que, a pesar de los cambios propios de su edad, puedan gozar de salud física,
logren ser autónomas, encargándose de su autocuidado y que también puedan
conservar una postura activa frente a la vida. Con ello, los adultos pueden
involucrarse en dos tipos de actividades muy importantes para su bienestar, la
actividad social y la actividad productiva. La primera es entendida como el
mantenimiento de relaciones interpersonales y la segunda hace referencia a
aquellas actividades, en las que los adultos mayores perciben que pueden
contribuir a la sociedad, amigos, familiares o a ellos mismos. Por otro lado,
tanto los factores objetivos (condiciones de vida) como subjetivos
(experiencias subjetivas) en la vida del adulto mayor influyen y se
interrelacionan para que en la tercera edad, uno se pueda sentirse satisfecho
con la vida. Por lo tanto, ciertos indicadores externos como la situación
económica, el contexto familiar, la salud física y factores internos como la
capacidad de adaptación y ajuste emocional a situaciones adversas se
complementan y relacionan con el fin de que los adultos mayores pueden tener
recursos internos como recursos externos adecuados que contribuirán con su
bienestar subjetivo. Cabe destacar que muy pocas veces los individuos van a
tener adecuados recursos externos, sin embargo, es necesario que se logren
aceptar ciertas limitaciones, situaciones difíciles, en las que la capacidad de
adaptación resultará fundamental para ajustarse al entorno.
Aceptación y rechazo en la etapa de vejez
La vejez es una etapa de vida que
comienza a los 60 años y es considerada la última etapa de vida y forma parte
del envejecimiento. Para quienes trabajamos con y para personas mayores será
indispensable que contemos con una idea clara de estos conceptos. Las actitudes
que frecuentemente mostramos a las personas mayores, se encuentran relacionadas
con la percepción social que se mantiene de ellas y esta imagen a su vez
determina en gran medida, la posición social en la que se encuentran.
Frecuentemente, esta percepción
social está determinada por los juicios que hacemos sobre las características
de las personas, en este sentido se han mantenido dos ideas ambiguas sobre lo
que es la vejez, una asegura que es una etapa de la vida en la que prevalece el
beneficio de la experiencia, la otra que se trata de una etapa de pérdidas e
incluso considerada como sinónimo de enfermedad.
Estudios hechos sobre la imagen
social de la vejez, han concluido que la percepción social sobre las personas
mayores es básicamente negativa. En una sociedad como la nuestra que sustenta
valores orientados a la fuerza, a la agilidad para el éxito y la conquista de
bienes materiales, han dejado ver a la vejez como una suerte de desecho.
Esta visión despectiva sobre este
grupo social, da origen a prácticas discriminatorias, que consideran a las
personas mayores como diferentes a las demás, en sus opiniones, afectos y
necesidades, a esta manera despectiva de ver a las personas mayores se le
llama, desde la gerontología, viejismo, el cual puede poner a una persona mayor
en un estado de vulnerabilidad.
En este sentido tenemos la
responsabilidad de informarnos para tratar de manera digna, integral y sin
discriminación a las personas mayores, considerándolas como sujetos socialmente
activos, integrantes de la sociedad y portadoras de derechos.

